sábado, 4 de junio de 2016

HOTEL ARCOS, MUCHA HISTORIA EN UN SOLO LUGAR

El Hotel Arcos está ubicado en casa palaciega de principios del siglo XIX construida sobre lo que fue el Palacio del siglo XV, propiedad de Pedro Fernández de Gata y su mujer, Aldonza de Caraveo.

Aldonza de Caraveo, era hija de don Juan de Caraveo, alcaide del Castillo por el rey Enrique IV, al cual los Reyes Católicos le hicieron merced en cabeza de su yerno Pedro Fernández de Gata, de un juro sobre los tercios del campo de Yeltes, para premiar sus leales servicios. 

El noble matrimonio, está enterrado en la Catedral de Ciudad Rodrigo, donde se encuentra su suntuoso sepulcro renacentista del año 1.522, obra del afamado escultor Lucas Mitata y realizado por encargo de su hijo,  Miguel Fernández de Caraveo, canónigo de la Catedral.

En el sepulcro aparece la escultura yacente del caballero don Pedro Fernández de Gata con armadura y un yelmo en los pies y posee un relieve con la ciudad de Jerusalén al fondo dominado por un cristo crucificado. En su origen, estuvo flanqueado por la Virgen y San Juan. La inscripción, aunque apenas hoy se puede leer, dice: “Pedro Fernández de Gata y Doña Aldonza de Caraveo, su mujer. Dotó y mandó hacer este arco y sepulcro, Miguel Fernández de Caraveo, su hijo, canónigo que fue de esta iglesia”. 

Sepulcro de Pedro Fernández de Gata en la Catedral
Gracias a un documento que aún se conserva en el Archivo Histórico Nacional, sabemos que su nieto, Antonio Centeno Guiral Pacheco, natural de Ciudad Rodrigo, hijo de Pedro Centeno e Isabel Pacheco, y nieto por lado paterno de Pedro Fernández de Gata y Aldonza de Caraveo, se le concedió en el año 1570, el título de caballero de la orden de San Juan de Jerusalén (más conocida como Orden de Malta).

El escudo del matrimonio Gata – Caraveo reúne los dos blasones de las dos nobles familias. En el interior del Hotel Arcos, aún se conserva este escudo en piedra, vestigio que perdura aún, del palacio del siglo XV, el cual fue hallado durante las reformas acaecidas en el edificio para ser convertido en hotel. Al principio de la misma calle Cardenal Pacheco, haciendo esquina, podemos observar un escudo igual, este otro escudo fue hallado a principios del siglo XX. La aparición de ambos escudos, en el lugar donde se ubicó el palacio de esta noble familia de la ciudad, nos muestra el tamaño que llegó a tener el palacio, en el siglo XV.

Antiguo Pozo encontrado durante los trabajos arqueológicos
Este palacio, fue destruido durante la Guerra de Secesión con Portugal, ya que en la zona más cercana de la muralla, es por donde los ejércitos de la Gran Alianza hicieron una brecha e invadieron la ciudad, siendo abatidos la mayor parte de edificios de esta zona a causa de numerosos incendios y ataques de artillería.

Tras la gran catástrofe que para la ciudad supuso la Guerra de Sucesión, comenzó la reconstrucción de los inmuebles. Sobre los restos del antiguo palacio, en el solar que ocupa el hotel Arcos, situado en un enclave relevante de la población, al estar junto al principal edificio de ella, la Catedral, posteriormente se ubicaron 3 edificios, construidos en el siglo XVII.

Uno de los 3 edificios que estuvieron aquí ubicados y de los que se han encontrado importantes restos arqueológicos, durante las obras de reforma del hotel, perteneció al escribano Francisco Gómez Franco, contador de las rentas reales y notario Mayor de la Audiencia eclesiástica, la casa constaba de dos plantas y corral y en ella estuvo viviendo Juan Ambrosio, cirujano del siglo XVIII. Otro de los edificios aquí ubicados, perteneció a Teresa Arias, y el resto del solar, era propiedad de don Francisco Osorio y Girón, estando aquí, además de su vivienda de dos plantas, su lagar de vino y una casa de provisión y fábrica del pan de munición, es decir, el pan que se daba a los soldados, presos, penados, etc…  fabricado en grandes cantidades.
Contenedor de líquidos perteneciente al Lagar S. XVIII

Años después, concretamente durante los sitios de 1810-1812 a los que Ciudad Rodrigo se vio sometido durante la guerra de la Independencia, primeramente por las tropas de Napoleón y posteriormente por el ejército inglés aliado, nuevamente esta zona fue una de las más afectadas por los ataques y bombardeos, aún se pueden observar las cicatrices de las bombas en la fachada de la Catedral, la cual fue convertida en polvorín para guardar munición durante la guerra. Por lo que una vez más, es la zona elegida para centrar el ataque a la ciudad y abrir brecha en la muralla, con la consecuente destrucción de los edificios colindantes.

Para poder hacernos una mejor idea, de lo que la ciudad sufrió durante dichos asedios, transcribimos lo que el gobernador Pérez de Herrasti escribió en su diario de guerra: “Sólo es necesario contemplar el lugar para conocer cuán heroica había sido su resistencia. Ninguna casa permanecía intacta y varios caminos estaban cortados por los escombros.” “Todos los edificios contiguos al expresado frente atacado, hasta un tercio del interior de la ciudad, estaban a la rendición tan totalmente destruidos, que el cúmulo de sus escombros no permitía el tránsito de unos parajes a otros, ni daba lugar a formar defensas interiores”.

El mariscal de Napoleón, Masséna al entrar con su ejército a la ciudad escribió: “El horrible espectáculo que presentaba la fortaleza el día de su capitulación era el mayor elogio a su defensa; en medio de sus ruinas era casi imposible distinguir los edificios o pasar por las calles bloqueadas por los escombros. No puede formarse idea del estado a que ha quedado reducido Ciudad Rodrigo: todo yace por tierra y destrozado, no hay una sola casa intacta”.

Por si este dantesco espectáculo fuese poco, a esto hay que sumarle que el 22 de octubre de 1818, en la Capilla del Primer Marqués de Cerralbo ubicada frente al hotel, y que al igual que la Catedral, albergaba un gran polvorín de munición, sufrió una inmensa explosión, los edificios colindantes a la Capilla, se vieron envueltos en una columna de humo y de polvo, algunos de ellos se cuarteaban, otros se venían abajo, siendo únicamente la Catedral la que quedó intacta y sin sufrir daño alguno. Aprovechando los cimientos anteriores, en este solar, se construyó una casa solariega a principios del siglo XIX, de la cual el Hotel Arcos, aún conserva toda su fachada original y el balcón acristalado en una de las habitaciones. Sin duda, un lugar lleno de historia. 

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